7/20/2006

LAS MINAS DE ORO EN LOS ANDES: A CIELO ABIERTO,
LO QUE ES DE TODOS

Levantar la cabeza, despegar la mirada detenida viciosamente en mi ombligo es un ejercicio esclarecedor. Enfocar los ojos en otras realidades y destapar los oídos a otras voces. Desde aquí, ciudad capital ensimismada en sus propias urgencias, miramos lo que sucede “más allá” a través de un velo de ignorancia, que nos oculta el verdadero sentido de los movimientos y reclamos populares. Mirar, ver y caminar entre las voces de la gente de Gualeguachú, decisiones y exigencias de una comunidad movilizada y comprometida a preservar lo que es de todos. “No somos los primeros ni seremos los últimos; es una decisión de compromiso”. escuché que decían. Eso me impulsó a seguir girando y a mirar algo más allá, más atrás, hacia mi espalda. Mi cordillera plagada de nudos y dolores, agua y metales, quiebres y esperanzas. Me iba acercando y me daba cuenta de que no todo es paz bajo el cielo argentino, un cielo que ya se ensucia con humo y exuda olor a dinamita. El explosivo rompe la roca, abre un pozo y desentraña los metales. El cianuro y el mercurio extraen la pureza y el brillo. Y los desechos contaminados vuelven a la tierra, que recibe y resiste en silencio. Y cuánto más silencio si las aves escapan de las explosiones, y las aguas ya no surgen puras, y los cultivos no crecen y los animales mueren. “Para mí el oro, para ti la miseria”. Tuve el impulso de volver a mirarme el ombligo y escapar de este paisaje. Pero escuché otras voces, palabras que traspasaron el silencio y me inspiraron: “El agua vale más que el oro”. Con esa bandera, pobladores a lo largo de toda la cordillera se llamaron a unirse y proteger lo que para ellos es más valioso. Los 3.300 metros de altura en los que está Laguna del Diamante, en plena cordillera mendocina, parecían suficientes para mantenerla alejada de los ruidos, los humos, las fábricas. Hasta que llegaron las mineras, a buscar el oro y el cobre. ¿A qué costo? ¿Contaminar una reserva de agua natural pura con cianuro? Los pobladores dijeron NO y, aquí sí, el gobierno los respaldó. No tienen el mismo apoyo en Esquel, donde ya llevan 3 años oponiéndose a una mina a cielo abierto que “ya tenía todo firmado” con las autoridades. Y por la catamarqueña Andalgalá, ¿cómo andamos? Andamos mal por allá. El agua ya no se puede beber. Las filtraciones de cianuro contaminaron las napas y dañaron los cultivos. La miseria se extiende como un yacimiento a cielo abierto que nadie quiere ver. La cordillera me dice que lo mismo sucede en San Juan, y en Jujuy, en Río Negro y Santa Cruz. Vuelvo a mirar al cielo, y las montañas me repiten en eco “El agua vale más que el oro”. Son esas las palabras que me orientan por donde seguir el camino.
ELIZABETH PSTYGA, 2006.

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